Cuando pensamos en ejercicio, muchas veces lo asociamos exclusivamente a conseguir un determinado aspecto físico: perder grasa, adelgazar, ganar masa muscular o conseguir un cuerpo que encaje dentro de los cánones de belleza que marca la sociedad.
Sin embargo, reducir el ejercicio a una cuestión estética es quedarse únicamente con una pequeña parte de todo lo que puede aportar. Hacer ejercicio de forma habitual es una de las mejores herramientas que tenemos para cuidar nuestra salud, mejorar nuestra calidad de vida y sentirnos mejor tanto física como mentalmente.
Practicar ejercicio no debería entenderse únicamente como una forma de cambiar nuestro cuerpo, sino como una inversión en nuestra salud presente y futura. Y lo más importante es que no es necesario entrenar durante horas ni convertirse en un deportista para disfrutar de sus beneficios. Encontrar una actividad física adecuada para cada persona y mantener cierta regularidad puede marcar una gran diferencia.
¿Por qué es tan importante hacer ejercicio?
Nuestro cuerpo está diseñado para moverse. Sin embargo, el estilo de vida actual hace que pasemos muchas horas sentados, delante de un ordenador, en el coche o utilizando dispositivos electrónicos. Esta falta de movimiento puede afectar progresivamente a nuestra salud.
Por eso, incorporar ejercicio físico y actividad física a nuestra rutina diaria es fundamental. Caminar, entrenar fuerza, practicar ejercicio cardiovascular, hacer movilidad, montar en bicicleta o realizar un entrenamiento funcional son algunas de las muchas maneras de mantenernos activos.
Además de los conocidos efectos sobre la composición corporal, el ejercicio produce adaptaciones en prácticamente todo el organismo. Corazón, músculos, huesos, cerebro, sistema nervioso y metabolismo pueden beneficiarse de una práctica regular.
1. El ejercicio mejora el estado de ánimo
Uno de los beneficios más conocidos de hacer ejercicio está relacionado con nuestro bienestar psicológico.
Cuando realizamos actividad física, se producen diferentes respuestas en nuestro organismo que pueden contribuir a mejorar nuestro estado de ánimo y generar una sensación de bienestar. Por eso, muchas personas sienten que después de practicar ejercicio tienen más energía, están de mejor humor o afrontan el día de una manera diferente.
El ejercicio también puede convertirse en un momento para desconectar de las preocupaciones cotidianas, concentrarnos en nosotros mismos y liberar tensión.
No se trata de utilizar el ejercicio como una solución para todos los problemas emocionales, sino de entenderlo como una herramienta más que puede ayudarnos a cuidar nuestra salud mental.
2. Practicar ejercicio favorece las funciones cognitivas
El cerebro también se beneficia del movimiento. La práctica habitual de ejercicio está relacionada con una mejor función cerebral y puede contribuir al mantenimiento de determinadas capacidades cognitivas. Mantenernos físicamente activos es, por tanto, otra manera de cuidar nuestro cerebro a lo largo de las diferentes etapas de la vida.
Concentración, memoria, atención y capacidad para afrontar determinadas tareas pueden verse favorecidas por un estilo de vida activo.
Por eso, cuando hablamos de los beneficios del ejercicio, no deberíamos pensar únicamente en músculos, grasa o peso corporal. Entrenar también es cuidar nuestro cerebro.
3. Ayuda a cuidar la salud cardiovascular
Las enfermedades cardiovasculares representan una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial. En este contexto, mantener unos hábitos de vida saludables tiene un papel fundamental.
Hacer ejercicio de manera regular ayuda a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y favorece el correcto funcionamiento del sistema cardiovascular. Además, la actividad física forma parte de las recomendaciones generales relacionadas con la prevención y el control de diferentes factores de riesgo cardiovascular.
No hace falta esperar a tener un problema de salud para empezar a moverse. El ejercicio es una herramienta de prevención que podemos incorporar a nuestra vida desde hoy.
4. El ejercicio fortalece los huesos
Los huesos también necesitan estímulos, y el ejercicio, especialmente aquel que implica soportar nuestro propio peso y los entrenamientos de fuerza correctamente planteados, puede contribuir al mantenimiento de una estructura ósea saludable.
Esto adquiere especial importancia a medida que envejecemos, ya que la pérdida de masa ósea puede aumentar el riesgo de sufrir determinados problemas, como la osteoporosis.
Por ello, trabajar la fuerza no debería considerarse algo exclusivo de quienes quieren ganar músculo. Entrenar fuerza es también una forma de cuidar nuestros huesos, nuestros músculos y nuestra autonomía.
5. Ayuda a mantener una composición corporal saludable
Aunque el ejercicio es mucho más que una cuestión estética, evidentemente también tiene un papel importante en la composición corporal.
La combinación de ejercicio y una alimentación adecuada puede ayudarnos a reducir el exceso de grasa corporal y, mediante el entrenamiento de fuerza, favorecer el mantenimiento o aumento de la masa muscular.
Pero conviene cambiar la perspectiva: el objetivo no debería ser únicamente vernos mejor frente al espejo, sino tener un cuerpo fuerte, funcional y preparado para las exigencias de nuestra vida diaria.
De poco sirve perseguir un determinado peso si no tenemos fuerza para subir unas escaleras, cargar una compra, jugar con nuestros hijos o realizar nuestras actividades habituales sin limitaciones.
6. Hacer ejercicio ayuda a reducir el estrés
Vivimos a un ritmo que en muchas ocasiones resulta difícil de mantener. Trabajo, responsabilidades familiares, preocupaciones y falta de tiempo pueden generar niveles elevados de estrés.
Incorporar ejercicio a nuestra rutina puede ser una excelente manera de romper con ese ritmo durante un rato. Dedicar tiempo a movernos y entrenar nos permite desconectar, liberar tensión y centrar nuestra atención en una actividad concreta.
Además, cuando el ejercicio se convierte en un hábito, puede ayudarnos a establecer una rutina saludable y a reservar un espacio del día para nosotros.
7. Puede mejorar la calidad del sueño
Dormir bien es imprescindible para recuperarnos y afrontar correctamente el día siguiente. La práctica regular de ejercicio puede contribuir a mejorar diferentes aspectos relacionados con el descanso y favorecer una mejor calidad del sueño en muchas personas.
Y aquí aparece otro círculo positivo: hacer ejercicio puede ayudarnos a dormir mejor y descansar mejor puede permitirnos afrontar el entrenamiento y las actividades del día con más energía.
Por supuesto, las necesidades y respuestas de cada persona son diferentes, y también influyen otros factores como los horarios, la alimentación, el estrés o los hábitos antes de acostarnos.
8. El ejercicio puede ayudar a reducir determinados dolores
Cuando aparece un dolor muscular o articular, es frecuente que nuestra primera reacción sea evitar cualquier movimiento por miedo a empeorar la situación. Sin embargo, en muchas circunstancias el movimiento adecuado y un entrenamiento correctamente adaptado pueden formar parte de la estrategia para mejorar la función y reducir determinadas molestias.
El trabajo de fuerza, la movilidad y el control del movimiento pueden ayudarnos a desarrollar un cuerpo más preparado para las demandas de nuestra vida cotidiana.
Eso sí, cuando existe una lesión, una patología o un dolor persistente, es importante conocer su origen y contar con la valoración del profesional sanitario correspondiente antes de comenzar o modificar un programa de ejercicio.
9. Entrenar nos ayuda a tener más energía en el día a día
Puede parecer contradictorio, pero gastar energía haciendo ejercicio puede ayudarnos a sentirnos más activos.
Cuando mejoramos nuestra condición física, determinadas tareas cotidianas pueden resultar menos exigentes. Subir escaleras, caminar durante más tiempo, cargar objetos, trabajar o realizar actividades de ocio pueden hacerse con mayor facilidad.
Y este es, probablemente, uno de los beneficios que más me interesa transmitir como entrenador: el ejercicio no debería servir únicamente para entrenar mejor, sino para vivir mejor.
¿Cuánto ejercicio deberíamos hacer?
No existe una única respuesta válida para todo el mundo. La cantidad y el tipo de ejercicio más adecuado dependerá de nuestra edad, condición física, objetivos, experiencia previa, disponibilidad y posibles limitaciones.
Lo importante es evitar el pensamiento de “si no puedo entrenar una hora, no merece la pena”. Todo movimiento cuenta.
Podemos empezar caminando más, utilizando menos el coche para desplazamientos cortos, subiendo escaleras, realizando ejercicios de movilidad o reservando algunos días de la semana para entrenar fuerza y resistencia.
A partir de ahí, podemos progresar poco a poco.
La mejor rutina de ejercicio no es necesariamente la más exigente, sino aquella que podemos mantener de manera constante y que se adapta a nuestra realidad.
¿Y si nunca he hecho ejercicio?
Nunca es tarde para empezar. De hecho, uno de los errores más habituales es pensar que primero necesitamos estar en forma para comenzar a entrenar. Es justo al contrario: empezamos a hacer ejercicio para mejorar nuestra condición física.
Si llevamos mucho tiempo sin practicar ejercicio, lo recomendable es comenzar de manera progresiva, aprendiendo correctamente los movimientos y adaptando la intensidad a nuestro nivel.
En un entrenamiento bien planteado no debería importar si llevas años entrenando o si estás empezando desde cero. El programa debe adaptarse a la persona y no al revés.
El entrenamiento funcional como herramienta para mejorar nuestra calidad de vida
En nuestro centro de entrenamiento funcional Saludx10, en Sarria, el objetivo no tiene por qué ser simplemente levantar más peso o conseguir una determinada apariencia física.
Nuestro enfoque busca trabajar capacidades que tienen una aplicación directa en nuestro día a día: fuerza, movilidad, coordinación, equilibrio, resistencia y control del movimiento.
Desde mi experiencia como entrenador, creo que esta perspectiva es especialmente interesante porque nos permite entender el ejercicio como algo que va mucho más allá del gimnasio. Entrenamos para que nuestro cuerpo responda mejor cuando lo necesitamos.
Cuando hablamos de los beneficios del ejercicio, solemos pensar en prevenir problemas cuando seamos mayores. Y, evidentemente, mantenernos activos es una de las mejores decisiones que podemos tomar pensando en un envejecimiento


