Tenemos la costumbre de querer hacerlo todo de la mejor manera posible. Buscamos el plan perfecto, el momento perfecto y las condiciones ideales para empezar aquello que nos proponemos.
Y, mientras esperamos a que llegue ese momento, seguimos posponiéndolo.
¿Te sientes identificado/a?
Pues quiero decirte algo: el momento perfecto no existe. Y tampoco existe el plan perfecto.
El mejor plan de ejercicio no es el que queda perfecto sobre el papel, sino el que funciona para ti y que eres capaz de mantener en el tiempo.
No es necesario entrenar una hora todos los días ni hacer ejercicio los siete días de la semana. Si puedes hacerlo y se adapta a tu vida, estupendo. Pero si no es así, no significa que no merezca la pena empezar. Muchas veces, menos es más.
Empieza por lo que puedas hacer
Antes de empezar, piensa qué tipo de ejercicio te gustaría incorporar a tu rutina. Por ejemplo:
- Ejercicio de fuerza: pesas, ejercicios con el propio peso, bandas elásticas, máquinas…
- Ejercicio cardiovascular: caminar, correr, nadar, montar en bicicleta, jugar al pádel…
El entrenamiento de fuerza tiene una importancia especial para nuestra salud y debería formar parte, en mayor o menor medida, de un programa de ejercicio completo. Pero si ahora mismo te cuesta empezar y te resulta mucho más fácil salir a caminar, empieza caminando. Lo importante es empezar a moverte.
Una vez que hayas decidido qué actividad vas a realizar, establece un horario que sea fácil de cumplir y respétalo. Y, sobre todo, empieza con una cantidad de ejercicio que puedas mantener: Si no tienes tiempo para caminar 30 minutos, quizá tengas 10, si no puedes entrenar cuatro días a la semana, quizá puedas hacerlo dos…
Esos 10 minutos o esos dos entrenamientos son mucho más útiles que esperar durante meses a tener las condiciones perfectas. Se trata de crear una rutina.
Con el tiempo, probablemente el ejercicio irá ganando espacio en tu vida. Quizá empieces a organizar mejor tus horarios, encuentres actividades que disfrutes más o simplemente descubras que merece la pena reservar un momento del día para entrenar.
Recuerda: vale más una pequeña acción que la más grande de las intenciones.
Ten en cuenta tu contexto
Los resultados no se consiguen de un día para otro. Se consiguen con constancia. Y para ser constantes tenemos que ponérselo fácil a nuestra cabeza. Una buena estrategia es buscar una forma de hacer ejercicio que encaje con nuestro contexto: nuestros horarios, nuestros gustos, nuestro presupuesto, la distancia, el entorno y nuestras obligaciones.
Cuantas menos barreras existan entre tú y el ejercicio, más fácil será convertirlo en un hábito. Por eso, no busques necesariamente el entrenamiento “perfecto”. Busca el ejercicio que puedas hacer de forma regular.
Y si en algún momento dejas de cumplirlo, tampoco pasa nada. Habrá semanas complicadas, vacaciones, trabajo, compromisos, cansancio o situaciones que hagan que tu rutina cambie. La vida no siempre se puede planificar.
Lo importante es no convertir un parón en un abandono. Retoma el ejercicio en cuanto puedas, reajusta el plan si es necesario y sigue adelante.
Porque al final, mejorar nuestra salud y nuestra condición física no consiste en hacerlo todo perfecto. Consiste en hacerlo suficientemente bien durante el tiempo suficiente.
No busques la perfección. Busca el progreso.


